Tener demasiado trabajo, no poder decidir cuándo hacer una pausa, recibir mensajes fuera de horario, encadenar reuniones durante toda la jornada o trabajar con herramientas que complican tareas sencillas. Los riesgos psicosociales no siempre se manifiestan de forma evidente y, con frecuencia, empiezan en aspectos aparentemente cotidianos de la organización del trabajo.